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"LA INNOVACIÓN ESPAÑOLA
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Informe Cotec 2012: Tecnología e Innovación en España

El Informe Cotec de este año utiliza los datos de la OCDE, referidos a 2009, y los más recientes del Instituto Nacional de Estadística, correspondientes a 2010; en ellos ya se vislumbran los efectos de la crisis financiera global y de las crisis de deuda pública en el sistema de innovación español. Las opiniones del panel de expertos, con las que se elabora el índice Cotec, fueron recogidas a finales de 2011 y las cifras de gasto público previsto en I+D e innovación del Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2012, corresponden al mes de marzo; desgraciadamente, todo apunta a que las conclusiones extraídas de las cifras que se han podido utilizar en este informe van a continuar empeorando, y que, ahora más que nunca, es necesario poner el acento en la innovación y la I+D como pilares sobre los que deben construirse los sectores del crecimiento económico y de la creación de nuevas empresas y empleos de los próximos años.


A partir de 2008 se pueden observar los efectos negativos en la crisis en la I+D empresarial y en la innovación en general, aunque los impactos se manifiestan diversos según los países, los tipos de empresas y sectores y las formas de innovación. Los primeros análisis de la OCDE evidencian que los países que habían hecho esfuerzos extraordinarios en las inversiones en I+D en los años anteriores, como Corea del Sur o los Países Escandinavos, han tenido la oportunidad de demostrar, en el contexto de la crisis, sus fortalezas en innovación y el avance de sus empresas en los sectores estratégicos de crecimiento.

En España, la crisis ha provocado de nuevo la reducción del gasto total en I+D. Veníamos de una situación donde, año tras año, los crecimientos eran considerables. Incluso en 2008, el año de la crisis de Lehman Brothers, el gasto en I+D aumentó en un 10,2% en euros corrientes, equivalentes a un 7,6% en euros constantes. La primera caída la experimentamos en 2009, con un 0,8% de reducción en euros corrientes y un 1,4% en euros constantes. Los últimos datos disponibles, que se refieren a 2010 muestran que la cifra de gasto se mantiene prácticamente igual en euros corrientes, lo que equivale a una reducción del 0,9% en términos de euros constantes. Si bien estos datos apuntan a que, hasta ahora, los efectos de la crisis no han sido devastadores, debe tenerse muy en cuenta que en la mayoría de los países de la OCDE se continúa aumentando el esfuerzo, por lo que el proceso de convergencia que manteníamos en los últimos años se ha frenado y está aumentando la distancia que nos separa de ellos.

Un análisis más detallado del comportamiento de la I+D empresarial muestra dos hechos relevantes. En primer lugar, su disminución es más importante que la del gasto total. Desde el máximo de 2008, el gasto en I+D de las empresas ha caído en 2010 en un 7,0% en euros corrientes y en un 8,5% en euros constantes; y en segundo lugar, que el comportamiento de las partidas destinadas a gastos corrientes y a gastos de capital han evolucionado de forma muy distinta antes y durante la crisis. Así, mientras que entre 2004 y 2008 los gastos de capital crecieron en un 122%, los corrientes crecieron prácticamente la mitad, un 57%. Al llegar la crisis, este comportamiento se invirtió, de modo que entre los años 2008 y 2010, los gastos de capital disminuyeron en un 43% mientras que los gastos corrientes crecieron en un modesto 1,3%. Puede concluirse que las empresas, que aprovecharon intensamente la época de bonanza económica para mejorar sus activos fijos para I+D, han reducido el ritmo de inversión con la crisis, pero no por ello han dejado de mantener su actividad de investigación y desarrollo, como indica su gasto corriente. Esto demuestra que las empresas con actividades de I+D las tienen ya integradas en sus estrategias.

El número de empresas con actividades en I+D se ha reducido entre 2009 y 2010 en un 15,6%. Sin embargo, esta disminución ha sido muy diferente según el tamaño de las empresas. De nuevo este año encontramos una mayor reducción, del orden del 27%, en el segmento de 10 a 49 empleados, las que seguramente están menos consolidadas. Las más grandes y las más pequeñas disminuyen alrededor del 2%, mientras que las que tienen entre 50 y 249 empleados lo han hecho en el 10%. Pese a estas variaciones, la intensidad de I+D, es decir, el cociente entre gasto de I+D y facturación, se ha mantenido aproximadamente Constante en cada segmento de tamaño, manteniéndose también las grandes diferencias de intensidad de los distintos segmentos, que van desde el 15% de las de menos de 10 empleados hasta el 0,9% de las de más de 250.

Las cifras del gasto en I+D, desglosadas por tamaño de empresa, muestran otra diferencia entre España y los países de nuestro entorno. Las pymes españolas aportan más de la mitad del gasto empresarial en I+D, mientras que, por ejemplo, las alemanas solo lo hacen con el 11%, las francesas el 21%, y las del Reino Unido, como las de los Estados Unidos, en torno al 16%. Esta peculiaridad, contemplada desde el punto de vista del compromiso de las pymes españolas con la I+D puede considerarse una fortaleza, pero vista desde la perspectiva de la I+D ejecutada por las empresas grandes, que, en general, tienen mejores posibilidades de rentabilizar los resultados de esta actividad, representa sin duda una debilidad del tejido productivo español.

En cuanto a la actividad científica, puede decirse que aún mantiene el impulso del crecimiento reciente en el contexto internacional. Según la base de datos “Scopus”, la producción científica española se mantiene en torno al 3% de la mundial. Las solicitudes de patentes por la vía nacional han sufrido una reducción del 1,2% en 2010, siguiendo la tendencia iniciada en 2009, año en el que se rompió el crecimiento continuo de este indicador, que se mantenía en toda la década. En cambio, las solicitudes de patentes europeas de origen español recuperaron en 2010 el ritmo de crecimiento medio de la década, después de haber caído un 5% en 2009. Tampoco las solicitudes de patentes PCT de origen español han visto alterado de momento su ritmo de crecimiento por la crisis.

Las empresas productoras de bienes de alta y media-alta tecnología, cuya cifra de negocios experimentó una fuerte reducción en 2009, la han mantenido en 2010, por lo que no es de esperar que la cuota española del mercado mundial de alta tecnología, que en 2009 cayó una décima de punto, colocándose en el 0,5%, se haya recuperado en 2010. Por su parte, el comercio exterior de bienes de equipo ha experimentado una cierta recuperación en 2010, después de la drástica caída de 2009. En 2010, las exportaciones de estos bienes se situaron en niveles de 2006, mientras que las importaciones siguen por debajo del nivel de 2004.

Los informes de referencia internacional sobre competitividad siguen situando a España por debajo de más de treinta países, una posición muy inferior a la que ocupa por el peso de su economía o también por su renta per cápita. Tanto en el índice publicado por IMD como en el del World Economic Forum, España ha ganado posiciones en 2011 respecto al año anterior. En el caso de IMD, ha ascendido un puesto, para ocupar la posición 35, manteniendo la tendencia ascendente del año anterior, pero aún dos puestos por debajo de la posición 33 que ocupaba en 2008. Es especialmente destacable el ascenso de su índice respecto al de la economía más competitiva, que este año alcanza el 67%, muy por encima del que tenía el año pasado, que era el 59%.

En el índice del World Economic Forum, España, que se había desplomado en 2010 desde la posición 33 a la 42, remonta en 2011 hasta el puesto 36. Es verdad que la puntuación se sigue manteniendo en 4,5 sobre 7,0, lo cual indica que el mejor puesto en la clasificación se debe, más que a una mejora de los indicadores e pañoles, al deterioro de los de otros países. En el indicador que ordena la capacidad de innovación de los países, la posición española es ligeramente superior, ocupando el puesto 33, pero la puntuación es solamente de cuatro puntos.

También en el ámbito internacional hay que destacar, refiriéndose exclusivamente a nuestra capacidad de I+D, el aumento progresivo de la participación española en los programas marco de la UE desde 2007. El año 2011 ha sido un año excepcionalmente bueno debido principalmente al liderazgo en proyectos de demostración en energías renovables. Así, el retorno total acumulado en el VII Programa Marco, que proporciona una visión global y no solo los resultados de un año concreto, se sitúa en el 7,9% del presupuesto calculado sobre la UE-27. Durante 2011 se ha continuado con el esfuerzo realizado en la definición desde España de grandes iniciativas de ámbito europeo (JTI, Iniciativas Industriales Europeas del Plan estratégico europeo de tecnologías energéticas, PPP). Por lo que se refiere a las actividades financiadas como resultado de la primera convocatoria de la PPP de Internet de Futuro, las entidades españolas están presentes en nueve proyectos (el 82% del total), coordinando cuatro de ellos. En la quinta convocatoria del programa CIP de 2011, nuestro país ha participado en 32 de las 44 propuestas aprobadas, habiendo coordinado nueve de ellas.

En España, en este año en que correspondía un cambio de legislatura, se ha producido una reestructuración Ministerial, que ha debido hacerse en un entorno económico necesariamente restrictivo. Las competencias en ciencia, tecnología e innovación han sido asignadas por primera vez a un nuevo Ministerio de Economía y Competitividad. Con ello, además de hacer explícita la necesidad de colocar la competitividad entre nuestras grandes prioridades, se reconoce el estrecho vínculo entre competitividad e innovación. El obligado desarrollo de la Ley de la Ciencia, aprobada en el Parlamento español por unanimidad también en este último año, que deberá realizarse en el marco de esta nueva estructura administrativa, tendrá necesariamente que abordar la definición de dos estrategias, una para la ciencia y la tecnología y otra para la innovación, y concretarlas en sendos planes plurianuales. En los próximos meses, deberá quedar configurado un nuevo escenario, en el que también aparezca, como actor importante, la Agencia Estatal de Investigación.

Las consecuencias de la difícil situación económica se han hecho sentir en el volumen de los fondos asignados a los Programas de la Política 46 de Investigación, Desarrollo e Innovación en el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2012. En términos generales, esta Política vería reducidos sus fondos en un 26%, con una propuesta de 6390 millones de euros, frente a los 8586 millones aprobados para 2011. Una reducción tan importante como esta, requiere una cuidadosa reconsideración de cada objetivo de gasto. Para ello se cuenta ya con la larga experiencia adquirida en la evaluación de la eficiencia de los distintos Programas de esta Política. Seguramente, el corto tiempo en el que se ha debido elaborar esta propuesta de Presupuestos ha impedido aplicar una nueva metodología que tuviera en cuenta este principio tan elemental, y que será obligado aplicar, para reformular la estructura de los Programas de esta Política en los próximos años.

Sin embargo, esto contrasta con la prioridad asignada a las políticas de I+D e innovación en las respuestas de los gobiernos de otros países a la crisis, y lo justifican en la necesidad de consolidar posiciones para la salida de la misma. Para ello, algunas de las actuaciones han sido la priorización de las actuaciones y la selectividad de los instrumentos de intervención destinados a reducir la incertidumbre de la demanda, el apoyo ante las dificultades para la financiación bancaria que sufren las empresas innovadoras, así como garantizar el mantenimiento de las capacidades de I+D en los sectores críticos y los recursos humanos en ciencia y tecnología para el futuro.

En esta línea de otorgar mayor prioridad a la I+D y la innovación en el conjunto de sus políticas se mueve la Unión Europea, donde la novedad de este año ha sido la consolidación de la idea Horizonte 2020 cuya propuesta al Parlamento fue entregada a finales de noviembre de 2011. Esta propuesta se centra en tres prioridades: generar una ciencia de excelencia; usar la ciencia y la tecnología para fomentar el liderazgo de las empresas europeas, incluidas las pymes; recurrir a la innovación para afrontar los grandes retos sociales del siglo XXI, reconociendo la importancia que tiene la sociedad como catalizadora del proceso innovador. Supone un importante cambio de enfoque de las políticas científicas y tecnológicas de la Unión Europea, que se refleja también en el montante económico que la UE quiere dedicar para acometerlas. Con un aumento del presupuesto destinado a I+D e innovación de casi el 50%, con relación a las anteriores perspectivas financieras, la cantidad asignada asciende a 80 000 millones de euros para el período 2014-2020. Es una cifra ciertamente importante, pero hay que recordar que el Parlamento Europeo, que refleja la voluntad mayoritaria de los ciudadanos, había recomendado destinar a estas políticas 100 000 millones para este mismo período.

El resultado de la encuesta anual realizada a los expertos de Cotec a finales de 2011, con el objeto de conocer su opinión sobre la importancia de los problemas que afectan a nuestro sistema de innovación y sobre su previsible evolución en el futuro inmediato, muestra que existe en el país una mala valoración de las condiciones actuales y un claro pesimismo sobre su evolución futura. Entre los problemas planteados, más de tres cuartas partes de los expertos consideran muy importantes la escasa dedicación de recursos financieros y humanos para la innovación en las empresas, el escaso efecto tractor de la demanda nacional para la innovación, la falta de cultura de apoyo a la innovación en los mercados financieros, y la escasa propensión a la colaboración de las empresas entre sí y entre estas y los centros de investigación. Estos mismos problemas son los que reciben también puntuaciones medias más altas en cuanto a su gravedad o importancia.

El sentimiento pesimista de los expertos queda claramente de manifiesto porque el porcentaje medio de opiniones de empeoramiento es el 46%, mientras que el de opiniones de mejoría es solamente el 13%. La tendencia que más expertos consideran que se deteriora, es la referente a la disponibilidad de fondos públicos para el fomento de la I+D+i, seguida por la referente a la capacidad tecnológica competitiva de la economía española a escala mundial. Más del 75% de los expertos comparten estas opiniones. La única tendencia sobre la que casi la mitad de los expertos opinan que es a mejorar es la referente a la concienciación de investigadores y tecnólogos sobre la necesidad de responder a la demanda de innovación de los mercados.

Como resultado de todo lo anterior, el índice Cotec para 2012 ha caído a su valor histórico más bajo: 0,848. Desgraciadamente, se aleja la esperanza de llegar a un punto de inflexión que podría pronosticar la deceleración de la caída experimentada entre 2010 y 2011, ya que esta última caída es aproximadamente de la misma magnitud que la que anunciábamos en el informe 2010. Ante esta visión tan pesimista, hay que tener presentes los resultados de los importantes esfuerzos que se hicieron en la época de bonanza, que consiguieron crear un pequeño sistema de innovación que demuestra todavía ser consistente. Tenemos la imperiosa necesidad de conservarlo, porque tendrá que ser la base de nuestra competitividad futura. Y hay que reconocer que, hasta ahora, poco se ha hecho en este sentido, mientras que para otros países ha sido una prioridad.

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