La crisis ha tenido importantes consecuencias en la forma de entender la innovación, que en el plano público han quedado reflejadas en un claro interés por establecer estrategias de innovación y en el plano privado en una mayor confianza en el conocimiento que tienen las personas de la empresa para aumentar su competitividad. Por esta razón, se ha hecho un esfuerzo para que el informe refleje esta situación. Los datos del informe de este año se refieren a 2009, cuando ya la crisis se había instalado en nuestra economía, y reflejan que la actividad de innovación y, más concretamente, la de I+D empresarial, de la que se dispone de datos más fiables, ha experimentado la primera reducción de su historia. Las consecuencias de esta reducción se han dejado sentir ya en el número de solicitudes de patente de origen español, tanto de ámbito nacional como de otros países, y también en la producción y en las exportaciones de los sectores de alta tecnología, si bien estos sectores han soportado mejor el impacto de la crisis que el conjunto de la economía.
El capítulo II se refiere a la innovación en servicios, y tanto en el texto principal como en los cuadros que lo acompañan hay continuas referencias a estrategias, a nuevas formas de políticas de innovación, como es el caso de la basada en la demanda, o a la consideración de la educación como elemento esencial para la competitividad de un país. Esta nueva visión de la innovación obliga a una revisión a fondo de los indicadores que la caracterizan, por lo que en los próximos años seguramente veremos cambiar el cuadro de parámetros utilizados.
Pero seguro que el gasto en I+D empresarial seguirá siendo una referencia obligada, porque es el principal indicador de la actitud innovadora de un país. Y aunque este indicador, para España, ha caído por primera vez en 2009, y lo ha hecho en un nada despreciable 6,3%, un análisis más cuidado de este dato muestra que la reducción de gasto ha sido muy selectiva y poco precipitada. Así, mientras que los gastos corrientes totales han incluso aumentado muy ligeramente, han sido los de capital los que han absorbido toda la reducción, al disminuir en un 36,8%. Por otra parte, cuando se observan estos cambios según el tamaño de las empresas, resulta que las mayores de 250 empleados mantienen sus gastos totales a costa de aumentar en un 3,3% los corrientes y reducir en un 22% los de capital. Las pymes disminuyen sus gastos totales en un 11,8%, aunque solo lo hacen en un 1,7% los corrientes, mientras que los de capital se reducen en un 42,8%.
El número de empresas que realizan I+D en España también ha notado los efectos de la crisis, disminuyendo un 9,6%, pero de nuevo ha habido comportamientos dispares. Las de más de 250 empleados eran en 2009 solamente unas mil ciento cincuenta, un 9,11% menos que en 2008; sin embargo, el número de sus investigadores ha crecido en un 3,8 %, lo que se refleja en el aumento de sus gastos corrientes antes mencionado, aunque la intensidad de I+D de este grupo es solo el 0,8%.
Las empresas que emplean entre 50 y 249 trabajadores y hacen I+D han disminuido en un 8,0% y son actualmente unas tres mil. Su gasto total en esta actividad lo ha hecho en un 12,6%, mientras que el número de sus investigadores ha permanecido prácticamente constante, manteniéndose en unos doce mil quinientos. La intensidad de I+D de este grupo es del 2,5%.
Las empresas que más están sintiendo la crisis son las que cuentan con entre 10 y 49 empleados. Han disminuido en un 17,0%, siendo ahora unas seis mil quinientas. Su gasto en I+D se ha reducido en un 16,2% y sus investigadores en un 8,6%, siendo en 2009 unos doce mil. La intensidad de I+D se mantiene en un razonable 5,7%.
Sin embargo, el número de empresas de menos de diez empleados que han hecho I+D en 2009, unas tres mil, ha crecido un 9,64% respecto a 2008. Su gasto interno lo ha hecho en un 15,9% y sus investigadores en un 9,3%, llegando a los cuatro mil. Su intensidad de I+D es del 17,7%, cosa lógica porque en su inmensa mayoría pertenecen a sectores de alta tecnología.
La conclusión de todos estos datos es que el total de las empresas que hacen I+D disminuye pero que intentan mantener su actividad, reteniendo a sus investigadores. Aunque no es nada tranquilizador que las empresas que seguramente iniciaban una etapa de consolidación, las que emplean entre 10 y 49 trabajadores, sean las más vulnerables.
La capacidad científica del sistema español de innovación, medida en número de publicaciones en revistas internacionales de prestigio, creció en 2009 un 8,5% respecto a 2008. Este ritmo de crecimiento es muy parecido al experimentado en el número total de publicaciones internacionales generadas en todos los demás países, por lo que nuestra cuota se ha mantenido en el mismo nivel que en 2008, es decir, el 3,25%. En cambio, el otro indicador de output, las patentes, ha entrado con la crisis en una fase de decrecimiento. El número de patentes presentadas en la oficina española de patentes por residentes disminuyó un 0,9% respecto a 2008, y el número de solicitudes de patentes europeas de origen español también disminuyó en un 4,8%.
La producción de bienes de alta tecnología experimentó en el año 2009 una reducción del 12,4%, diez puntos menos que la reducción experimentada por la producción industrial total española. Y esta bajada en la producción industrial se refleja en el comercio exterior de bienes de equipo. Las importaciones cayeron drásticamente en 2009, situándose por debajo de las realizadas en el año 2000. La caída de las exportaciones fue menor, situándose en el valor que tenían en 2005.
Los índices globales de referencia internacional de competitividad nos siguen situando por debajo de la treintena, que no se corresponde con la novena posición que ocupa España en términos económicos. Es verdad que España, en el índice de IMD, basado fundamentalmente en datos estadísticos, experimenta un ascenso de tres puestos, pero en el índice del World Economic Forum, en el que tienen mayor peso los datos de opinión, ha descendido nueve puestos.
Por lo que se refiere a la política de innovación, destaca el positivo balance del programa CÉNIT, que ha movilizado un presupuesto total de 2.300 millones de euros, con una aportación pública de 1.072 millones. En los 91 proyectos CÉNIT han participado 1.253 empresas, de las cuales, el 58% eran pymes, y han conseguido involucrar a 1.589 grupos de investigación públicos y centros tecnológicos. Según datos oficiales, los 16 proyectos de la primera convocatoria, que ya han finalizado, fueron origen de 211 solicitudes de patentes y de 565 publicaciones científicas.
En 2010 ha seguido incrementándose la participación española en el VII Programa Marco de la UE, principalmente debido al liderazgo en grandes proyectos de demostración en las temáticas de seguridad y energía, así como a la mejora en la participación en TIC y transporte, entre otras. Según los resultados provisionales disponibles, el retorno obtenido en 2010 asciende a 422,9 millones de euros, lo que equivale al 8,2% del presupuesto adjudicado para toda la UE-27. Los retornos acumulados por entidades españolas en el conjunto del Programa Marco hasta 2010 suponen el 7,5% del presupuesto total. De estos retornos,
las empresas captaron el 31,6%, las universidades el 23,5%, los centros públicos de investigación el 16,5% y los centros de innovación y tecnología el 11,4%.
Cotec ha podido contar como todos los años con la opinión de su panel de expertos sobre la importancia de los problemas que afectan a nuestro sistema de innovación y sobre su previsible evolución en el futuro inmediato. Este año, el problema que consideran más importante un mayor número de expertos, casi el 83%, es que la demanda nacional no actúa suficientemente como elemento tractor de la innovación.
Seguramente esto es consecuencia de su preocupación por la debilidad del mercado interno y por la mayor sensibilización hacia las políticas de demanda, propiciadas por las nuevas estrategias de innovación. Un 80% de los expertos considera muy importante la falta de cultura en los mercados financieros españoles para la financiación de la innovación. Un problema que siempre ha estado presente y que ahora se ve agudizado por la crisis. Para un 78% de los expertos, también es un problema muy importante la escasa cultura de colaboración de las empresas entre sí y entre estas y los centros de investigación. Este problema, que una parte de los expertos habían dejado de considerar importante en 2009, preocupa ahora a muchos más. Esto se puede atribuir a la finalización del programa CÉNIT, que ha demostrado, no solo la necesidad del estímulo público, sino también la conveniencia de este tipo de colaboración.
Otros problemas que siguen siendo importantes, pero para un número menor de expertos, son la escasa dedicación de recursos financieros y humanos para la innovación en las empresas, que sigue preocupando a un 74% de los expertos, porcentaje que viene disminuyendo desde el año 2008. También sigue disminuyendo el porcentaje de expertos preocupados porque la I+D de las universidades y de los centros públicos de investigación no está suficientemente orientada hacia las necesidades tecnológicas de las empresas.
Un problema que preocupa cada vez a más expertos es la escasez de financiación pública para el desarrollo de tecnologías emergentes, considerado muy importante en 2010 por un 20% de expertos más que en 2009. Esto puede ser consecuencia de la reducción de las subvenciones públicas, que es la modalidad de ayuda más adecuada para las empresas que trabajan en sectores emergentes.
En línea con esta última preocupación, el 83% de los expertos, un 20% más que el año anterior, consideran que la tendencia que más se deteriora es la disponibilidad de fondos públicos para el fomento de la I+D+i.
La percepción pesimista de los expertos sobre la futura evolución del sistema de innovación se refleja en el índice sintético Cotec, que cae en 2010 al valor 0,899, el más bajo de la década. La tendencia a la baja se mantiene desde 2007, último año en que su valor era superior a uno, y por tanto indicaba expectativas de
mejora. En 2008 se situaba en 0,990 y en 2009 bajó a 0,928.
Frente a la evidente apreciación negativa de los expertos sobre la próxima evolución del sistema español de innovación, hay que hacer notar que la caída en 2010 es aproximadamente la mitad de la caída de 2009 y muy inferior a la experimentada en 2008. En consecuencia, cabe esperar la llegada de un punto de inflexión, de modo que las opiniones apunten de nuevo hacia la mejora del sistema.