COTEC

Mensaje de S.M. el Rey en la Memoria Cotec 2009-2010

Mensaje de S.M. el Rey en la Memoria Cotec 2007-2008

Expertas personalidades del mundo de la economía acentúan dos factores en las sociedades avanzadas que estiman imprescindibles para la promoción de un crecimiento económico sano, así como de un sólido y progresivo bienestar social. Por un lado, el conocimiento –considerado como motor de prosperidad– y, por otro, los modelos de negocio basados en la producción y el intercambio de bienes y servicios –frente a la extrema fragilidad de los basados en la compra y venta de expectativas.

Ambas realidades se incluyen ahora en el marco de la grave crisis económica, que ha generado serios problemas y dolorosas consecuencias, entre las que destaca el desempleo, cuya solución requiere aunar afanes, saber y solidaridad en todos los sectores y a todos los niveles.

Esos mismos expertos señalan igualmente que la crisis ha puesto de relieve la necesidad de potenciar nuestra competitividad y ha reafirmado la importancia que, como país, hemos de dar a la economía de la innovación en un mundo globalizado. Economía de la innovación que optimiza la asignación de recursos tanto para la creación de conocimiento como para su conversión en bienes y servicios.

En todo caso, parece conveniente insistir en que los procesos de creación de riqueza basados en la innovación no son privativos de los sectores de alta tecnología. El conocimiento es de aplicación universal y siempre ha podido favorecer iniciativas y éxitos en múltiples y muy diversos ámbitos.

De algún modo nos encontramos ante una nueva disciplina, volcada en un bien singular, el conocimiento, que a su vez posee dos ventajas evidentes: es inagotable y puede aplicarse de forma simultánea a numerosos procesos de creación de riqueza.

Precisamente Cotec desde su origen defiende estas ideas. Más aún las comparte con sus fundaciones hermanas de Italia y Portugal, en el marco de Cotec Europa, desde el convencimiento de que juntos seremos más capaces de generar sinergias que a todos benefician, con el objetivo inmediato de elevar el valor añadido y la productividad de nuestras empresas, en particular de aquellas que crecen a menor ritmo que sus competidoras.

Nunca ha sido, pues, tan necesario como hoy generar confianza en la economía de la innovación y lograr que ésta se extienda al conjunto de nuestros tejidos productivos, desde los sectores más tradicionales hasta los más avanzados, desde la industria hasta los servicios, y desde las pymes hasta las grandes empresas.

Por ese camino venimos avanzando. Mucho se ha hecho ya bien, gracias a nuestro sistema de innovación, que, a pesar de su tamaño, dispone actualmente de todos los elementos propios de las economías nacionales más prósperas, así como de un evidente potencial con el que podemos y debemos contar. Gracias a este potencial podremos mantener y acrecentar nuestro bienestar.

Como es natural, la meta inmediata ha de ser preservar lo que, con tanto esfuerzo, hemos logrado; pero sin olvidar que el objetivo primordial es conseguir que España ocupe el puesto que le corresponde en el nuevo orden económico mundial que surgirá tras la superación de la actual crisis.

En otras palabras debemos hacer de nuestro sistema de innovación el verdadero motor de la competitividad de nuestro país y, al mismo tiempo, hemos de lograr que la sociedad española asuma el protagonismo que le corresponde en esta apasionante tarea: el de una sociedad que valora y estimula el espíritu emprendedor, que comprende el esfuerzo que exige la vida de la empresa y que es consciente del papel que ésta desempeña como fuente de crecimiento de la economía y como impulsora del bienestar social. Estas actitudes son características de sociedades con un elevado nivel de formación y, por ello, la mejora permanente de nuestro sistema educativo, en todos sus niveles, es –como no podía ser de otro modo– objetivo inexcusable, que siempre ha de figurar entre nuestras principales prioridades.

De esta nueva sociedad deberán surgir empresarios con potencial creativo que aceptan con naturalidad el riesgo implícito en toda innovación. Con su liderazgo, nuestras empresas valorarán el conocimiento como ventaja competitiva, conscientes de que deben competir en mercados mundializados.

Tenemos por delante un quehacer de importancia capital para nuestro futuro. Recoger los frutos requerirá indudablemente cierto tiempo, lo que hace aún más urgente afrontar esta tarea desde ahora y con el mayor tesón. Una tarea que requiere no sólo empeño, sino altura de miras y una entrega y generosidad como las que siempre han demostrado los Patronos de Cotec y cuantos han sabido colaborar con ellos.

Mi gratitud a todos, por su permanente esfuerzo que nos ofrece excelentes análisis, diagnósticos y llamadas de atención, fundamentales para este gran trabajo que promueve el mayor progreso de España y de todos los españoles.
En otras palabras debemos hacer de nuestro sistema de innovación el verdadero motor de la competitividad de nuestro país y, al mismo tiempo, hemos de lograr que la sociedad española asuma el protagonismo que le corresponde en esta apasionante tarea: el de una sociedad que valora y estimula el espíritu emprendedor, que comprende el esfuerzo que exige la vida de la empresa y que es consciente del papel que ésta desempeña como fuente de crecimiento de la economía y como impulsora del bienestar social. Estas actitudes son características de sociedades con un elevado nivel de formación y, por ello, la mejora permanente de nuestro sistema educativo, en todos sus niveles, es –como no podía ser de otro modo– objetivo inexcusable, que siempre ha de figurar entre nuestras principales prioridades.

De esta nueva sociedad deberán surgir empresarios con potencial creativo que aceptan con naturalidad el riesgo implícito en toda innovación. Con su liderazgo, nuestras empresas valorarán el conocimiento como ventaja competitiva, conscientes de que deben competir en mercados mundializados.

Tenemos por delante un quehacer de importancia capital para nuestro futuro. Recoger los frutos requerirá indudablemente cierto tiempo, lo que hace aún más urgente afrontar esta tarea desde ahora y con el mayor tesón. Una tarea que requiere no sólo empeño, sino altura de miras y una entrega y generosidad como las que siempre han demostrado los Patronos de Cotec y cuantos han sabido colaborar con ellos.

Mi gratitud a todos, por su permanente esfuerzo que nos ofrece excelentes análisis, diagnósticos y llamadas de atención, fundamentales para este gran trabajo que promueve el mayor progreso de España y de todos los españoles.

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